sábado, 28 de diciembre de 2013

Vale la pena perder la cabeza



¿Vale la pena perder la cabeza por verte mejor físicamente?
Es una pregunta que durante años he tenido en mente, y si algo he sacado en claro es que uno no pierde la cabeza por caber en unos pantalones.

Tenemos miedo al rechazo, miedo a seguir sufriendo, miedo a no ser suficiente, miedo a que se vuelvan a reír de ti. Miedo a no encajar. Miedo a comentarios que hacen muchísimo daño incluso de las personas que más quieres.

La rabia que llevas dentro no sale con fuerza y le explota en la cara a quien carece de escrúpulos para insultar, golpear o humillar a otro ser humano. Tu propia rabia te explota en las manos, te golpea, el odio que tienes hacia el mundo lo diriges hacia ti y tú pasas de ser la víctima a ser el culpable y tu propio verdugo.

Pierdes el control de tus pensamientos, nada te satisface, necesitas más destrucción,  muchas personas te dan la espalda o tú se la das a quienes tratan de ayudarte. Llegas a un punto en el que eres plenamente consciente de que todo se está yendo a la mierda.

Más allá de la razón, más allá la familia, amistad, terapeuta, medicación, creencia, más allá de todo eso estás tú y tu instinto, Cansado, herido, sin fuerzas, ni lágrimas te quedan, tu instinto te empuja a luchar.

Cuando peleas puedes ganar o puedes perder, el resultado depende de ti, de las  personas que te puedan ayudar en esta lucha, de las personas que tú permitas que te ayuden.

Hay quienes pierden la lucha, y desde aquí todos mis respetos, solo quisieron ser mejores, cumplir sueños, sentirse queridos, vivir una vida como la que cualquiera se imagina cuando es pequeño.

Esta historia no va de entrar en unos pantalones que ahora se te caen. Esta historia va de personas que no dormían esperando los regalos de navidad, de personas que reían, jugaban, personas que como tú en las nubes vieron formas de animales, y la luna los seguía por la noche. Personas que odiaban que les regalaran ropa y lloraban de emoción cuando les regalaban el juguete que querían. Personas como tú, como yo, personas cuyo nombre empieza por hache de silencio, de gritos acallados entre insultos, golpes y desprecios, hache de honra pisoteada, hache de humillación, hache de hij@s de puta, hipócritas que dejan heridas que no sienten , que no les duelen, que no las sufren.

Esta historia la escribo con Hache de Héroes.



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