jueves, 26 de diciembre de 2013

Cuando ya termina diciembre


Cuánto podemos durar cuando ya es demasiado tarde. Cuando ya termina diciembre y las promesas que nos hicimos se han quedado atrás. Cuando el cielo es de color azul frío y yo no tengo ningunas ganas de empezar nada nuevo. Ni años ni finales. Quisiera quedarme en este miércoles-domingo, en este 25 de Navidad y primero de auto excusarte por no haber podido venir. Qué más da ya, o luego, y si antes ya es sólo eso: antes. No va a volver a llover sobre mis párpados, desde adentro. ¿Dónde está la línea que separa el olvidarte de comprender que yo necesitaba cualquier otra cosa? El instinto de supervivencia no me lleva a tus brazos. Lo siento, corazón, pero le tengo alergia a la violencia pasiva de tu boca. A los duros golpes de tus manos cuando alargo los brazos y no las toco. Tenía que irme de aquí, afuera, donde el viento sopla y donde las calles no hablan de ti. Donde la esperanza no me hace esperarte. Donde aún puedo ser sin tropezar en el intento. Esto podría doler.
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