miércoles, 15 de marzo de 2017

¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando abortas?


Antes de pensar si individualmente creemos en legalizar el aborto o no, recuerda que esta tragedia también pasa de forma natural. Las mamás que han pasado por esto ni siquiera pueden describir el horrible dolor que una experiencia así produce. Mucho se habla del derecho a la vida, pero pocos explican lo que le pasa a tu cuerpo cuando abortas, sea voluntaria o involuntariamente.

Perder a un bebé de apenas un par de semanas en el vientre de su mamá puede marcar a una familia de por vida. La vida sin duda es un milagro, pero lamentablemente no siempre se puede mantener.

COMPLICACIONES FÍSICAS A CORTO PLAZO

Aproximadamente 10% de las mujeres que abortan tienen complicaciones inmediatas; de esas, 2% se consideran efectos graves. Estas son solo algunas de las complicaciones que suelen producirse cuando abortas.



Perforación uterina. Entre el 2% y el 3% de las mujeres que abortan la sufren. Sin embargo, muchas veces pasan años sin ser diagnosticadas. El riesgo aumenta si ya has dado a luz o te realizaron el aborto bajo anestesia general.

Las complicaciones menores incluyen: infecciones, sangrado, fiebre, quemaduras de segundo grado, dolor abdominal crónico, vómitos y molestias gastrointestinales.

Las nueve complicaciones mayores más comunes son: infecciones, sangrado excesivo, embolia, desgarros o perforación de útero, complicaciones por anestesia, convulsiones, hemorragia, heridas cervicales y shock endotóxico.


COMPLICACIONES A LARGO PLAZO

Cáncer cervical, de ovario y de hígado. Las mujeres que han abortado una vez sufren 2.3 veces mayor riesgo de padecer estos tipos de cáncer. Quienes han tenido dos o más abortos tienen 4.92 veces más riesgo.

Laceraciones cervicales. Aunque las laceraciones graves sólo afectan al 1% de las mujeres que abortan, las laceraciones menores o las microfracturas suelen ser ignoradas. Estas pueden causar daños reproductivos a largo plazo.

Partos prematuros y complicaciones al dar a luz. Entre más veces te hagan este procedimiento, más aumenta tu posibilidad de dar a luz antes de tiempo. Así como puedes dar a luz antes, también puedes dar a luz después. Ambos riesgos aumentan la posibilidad de lastimar a tu bebé.

Embarazo ectópico. El riesgo aumenta muchísimo después de un aborto. Un embarazo ectópico puede resultar en infertilidad.

Endometriosis. Es un riesgo para todas las mujeres. Sin embargo, es especialmente notorio para las adolescentes que son 2.5 veces más propensas a padecerlo que las mujeres entre 20 y 29 años.

Hay que considerar que cada quien tiene diferentes factores de riesgo. Recuerda que lo más importante será la recuperación psicológica. Será todo un proceso, pero tu salud mental bien lo vale.



martes, 14 de marzo de 2017

Síndrome de Alejandría, ¿la enfermedad de los ojos violetas?




El síndrome de Alejandría, Génesis de Alejandría o enfermedad de los ojos violetas es una de esas historias que corren por Internet sin que se sepa realmente de dónde han salido y que parte de verdad o mentira encierran. Algunos sectores señalan que es un bulo y que es una historia de ficción, un hoax creado en un blog de fans de manga para dar una respuesta de ficción a la características físicas de unos personajes también ficticios. Sea como fuere, la historia es bien curiosa y encierra ese deseo tan real, hoy convertido casi en una necesidad, de mantenerse bello, delgado, joven y ser diferente; alejándose de todo aquello que le recuerda al hombre su levedad: la enfermedad y la muerte.

El síndrome de Alejandría: un mito urbano


Los escritos sobre esta “mutación genética” refieren cómo recibió el nombre de Génesis de Alejandría en los años 60, si bien también se relata cómo el nombre proviene de un caso acontecido en el siglo XIV en el Norte de Europa. La historia relata que una mujer llamada Alexandría Agustín, nacida en Londres en 1329, que nació con los ojos azules para ir poco apoco cambiando hacia un tono violeta. Pensado ser brujería, sus padres acudieron a un sacerdote quien les dijo que no era cosa del diablo y que se podía relacionar con una historia que había oído sobre un grupo de gente de ojos violeta que provenían de Egipto y que habrían quedado con los ojos de ese color y la piel muy blanca debido al efecto de una misteriosa luz brillante que inundó la noche. Les llamaban los espirituales y fueron desplazándose hacia el norte, concretamente hacia Europa.

La niña Alejandría fue considerada entonces como muy especial, se convirtió en una mujer muy bella y tuvo 4 hijas, todas con los ojos como ella, falleciendo a los 150 años de edad.

Y es que según esta historia, los nacidos con esta mutación genética tienen los ojos azules o grises al nacer, cambiando a púrpura a los seis meses y, con la pubertad, a violeta. También carecían de vello en el cuerpo, salvo en orejas, narices, cejas, pestañas y cuero cabelludo. Y lo más increíble, las mujeres no menstruan, pero tienen hijos; su esperanza de vida es de 120 a 150 años; no engordan, envejecen de forma muy lenta, quedándose con el aspecto de una persona de 50 años y podrían considerarse una especie de súper humanos: jóvenes, longevos, sanos y con los ojos violetas.

Pero, ¿es posible tener los ojos violetas?

La verdad es que sí, pero no tiene nada que ver con esta especial mutación. Los ojos violeta se suelen dar en personas afectadas de albinismo y es producto de la mezcla de tonos rojos con tonos azules, dando como resultado un tono muy especial, un azul intenso, casi violeta, debido a la falta de melanina en el iris. Hay personas no albinas que pueden tener este curioso y peculiar color de ojos, siendo el referente constante la actriz Elizabeth Taylor.



FUI LA MUJER DE TU VIDA EN EL MOMENTO INCORRECTO



No era el momento apropiado para nuestra historia, no eramos lo suficientemente maduros para entender lo que es realmente el amor; los dos tuvimos dudas y miedos. La realidad es que no quisimos ser. Nos dejamos derrotar por la incertidumbre, por la falta de compromiso de ambos, pero quiero decirte que, por mi parte, siempre fue real.

Desde el momento en que te conocí algo me dijo que no iba a funcionar, pero me enamoré y decidí arriesgarme de cualquier forma, porque no pude dejar pasar la oportunidad de estar al lado de un hombre tan encantador como tú. Pero sabía que eras demasiado inmaduro, que no pensabas poner los pies en la tierra y que aún te faltaban muchas cosas por vivir, igual que a mí; los dos éramos demasiado jóvenes.


Y, sin embargo, el tiempo nos arrastró a un tornado de emociones intermitentes. Comprobamos que realmente no era el momento ideal para nuestra relación y dejamos que se fracturara hasta que pronto dejó de doler. La verdad, ninguno quiso luchar por salvarnos, supimos que era el momento de decir adiós.

No era el momento para entregarnos nuestros cuerpos y almas, no estábamos preparados para tomarnos de la mano y caminar juntos hasta el final. Cada uno tenía planes distintos que tal vez hubiéramos podido realizar si de verdad existía tal amor, pero ninguno estuvo dispuesto a sacrificarse o entender que para crecer juntos debes de ceder un poco.

No lamento todo lo que hice por ti, porque me hizo sentir feliz en su momento y te agradezco lo que diste por mí, porque sé que lo hiciste de corazón. Ahora sé que no era el momento correcto para una relación perfecta, ambos teníamos aún cosas por resolver

Quiero que sepas que lo intenté todo para demostrarte mi cariño y mi lealtad, que siempre quise ser el refugio en tus tormentas, que pelee con uñas y dientes para defenderte de la crítica de los demás. Ahora comprendo que esa clase de lucha se debe hacer entre dos, y tú no quisiste intentarlo, preferiste seguir tus sueños y me dejaste de lado. Acepté mi derrota y te dejé continuar sin mí a tu lado.

Deseo recordar nuestros mejores momentos y dejar el dolor de lado, aceptar que me equivoqué en muchas cosas y decirte que, de todo corazón, te deseo toda la felicidad que no te pude dar, que dondequiera que estés y con quien sea que estés, espero que tu fortaleza crezca y no interrumpas lo que iniciaste. Siempre persigue tus metas, hasta donde sea posible cumple con tus propias expectativas y vive que, por mi parte, yo haré lo mismo.

Tal vez algún día la vida nos dé otra oportunidad, pero si no ocurre puedes estar seguro de que siempre recordaré nuestras tardes juntos, mirándonos a los ojos y haciendo promesas etéreas. Sé que ninguno pudo renunciar a su libertad, que nuestras alas necesitaban continuar el viaje, pero estoy tranquila porque pudimos aprender el uno del otro.



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